Bienvenidos a la guerra por el trabajo

Hugh MacLeod: 'No Job Security'

Avances tecnológicos (automatización y virtualización del trabajo, digitalización de la información, etc.), cambios sociales (acceso gradual de la mujer al mercado de trabajo, incremento de la esperanza de vida, globalización, etc.), auge de la concienciación medioambiental con consecuencias a todos los niveles (disponibilidad de recursos naturales, costes energéticos, cambios en los sistemas de producción, etc.). Éstas, entre otras, son las razones por las que Jeremy Rifkin en pronosticó hace ya veinte años “El Fin del Trabajo” en el libro del mismo título. Vaticinio que, por otra parte, se corresponde con la polarización del mercado laboral apuntada por Álvaro González Alorda en su recomendabilíismo libro “Los próximos 30 años”.

“Cada vez que me incorporo a una nueva empresa lo hago con el objetivo y el deseo de poder jubilarme en ella”. Éste es el modelo de carrera profesional tradicional, en el que aún creen (o quizás quieren creer) muchos profesionales. La realidad, para bien o para mal, es que se trata de un objetivo cada vez más difícil de alcanzar. Al fin y al cabo, vivimos en un mundo que se transforma a una velocidad vertiginosa en un estado de mutación constante al que el sistema económico no puede permanecer ajeno. La vida media de las empresas es cada vez menor, sus estructuras se horizontalizan y se hacen cada vez más permeables debido a la necesidad de generar redes de colaboración que potencien la capacidad innovadora, la automatización de tareas reduce la necesidad de mano de obra no cualificada… y cualificada. Antes, lo seguro era hacer méritos hasta lograr acceder a “un buen puesto”. Paradójicamente, la tendencia parece ser la contraria. Poner todos los huevos en la misma cesta sigue siendo tan peligroso como siempre y la estabilidad laboral es, cada vez más, una quimera.

De la Carrera vertical a los itinerarios líquidos, en palabras de Andrés Ortega: “en los últimos años, muchos profesionales con desempeño excepcional y una cualificación abrumadora en sus respectivos perfiles, ha visto como los vaivenes del mercado empujaron a sus empresas a tomar decisiones no previstas inicialmente en su hoja de ruta que a su vez les empujaron a un mercado laboral en barbecho hasta nueva orden. Un mercado con escasas o nulas alternativas de crecimiento profesional, al menos en la forma en que habían idealizado años atrás…”.

De nuevo en palabras de Andrés Ortega:

Ser directivo durante unos años, trabajar como profesional independiente prestando servicios de alto valor añadido para una o varias empresas clientes, regresar a la empresa privada como Interim Manager, trabajar en un proyecto en red con otros especialistas, ser colaborador, socio-fundador o inversor en una start-up puede que incluso ubicada en otro país, generar conocimiento y distribuirlo a través de plataformas de aprendizaje virtual, volver a vincularse a otra empresa por cuenta ajena… y la combinación aleatoria de todas esas alternativas y otras que todavía ni siquiera han aparecido en la actualidad… configurarán itinerarios profesionales líquidos, propios de profesionales que fluyen por diferentes territorios y que se adaptan a la orografía cada vez más abrupta del mercado.

Más trabajadores para menos puestos de trabajo, en un entorno en el que la obsolescencia profesional es una amenaza cada vez más evidente. Creo que no me equivoco si afirmo que mi grado de empleabilidad es, en estos momentos, elevado. Aún así, si volviese a incorporarme a una empresa para trabajar por cuenta ajena, ¿qué probabilidades tendría de jubilarme en ella? Más bien exiguas, diría yo.

Entonces, ¿cuál es la solución del acertijo? Ése es el dilema al que vamos a tener que dar respuesta. Por consiguiente, parece más que aconsejable pensar muy bien qué papel queremos jugar como profesionales y qué estamos dispuestos a hacer para lograrlo. De lo que no tengo ninguna duda es que la viñeta de Hugh MacLeod que encabeza esta entrada es cada vez más cierta. Diferenciación, habilidad para desarrollar redes de contactos, capacidad colaborativa. Requisitos indispensables para cualquier knowmad.

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